Monday, November 26, 2012

Cápsula de tiempo (primera entrega)


Ha seguido corriendo el tiempo, lo veo en el espejo, lo veo el calendario, lo veo en los hijos que han ido creciendo,  pero no siempre mi cerebro puede dar fe de ello.
Cuántas veces más tendré que volver a salir de la casa de Mercedes  para definir la historia?
Cuántas veces más me acompañarán sus risas y esa alegría que me llena el corazón?

Cuántas veces más arreciará la lluvia borrando completamente el entorno… cuántas veces más se acercarán las luces redondas del camión en cámara lenta… cuántas veces más mi retina registrará esa imagen sub real de los faros emergiendo de las tinieblas que conforma el agua que precipita?

Y cuántas veces más despertaré entre los hierros retorcido, con la lluvia cayendo en mi espalda?
Cuántas más se sobrecogerá mi  corazón ante la magnitud del momento?
Cuántas me abrumará la soledad  mientras tanta gente me rodea sin acercarse, será porque para ellos formo parte de un espectáculo increíble, alimento para el morbo colectivo?…. O será porque nadie sabe qué se hace en estos casos,  nadie parece estar preparado para el momento en que  la muerte despliega su manto sobre el asiento de al lado… pero debo admitir que ante la inminencia de la muerte, uno parece saber perfectamente qué hacer…

Y cuántas veces más respiraré profundo y empezaré  a buscar el celular que ya no está conmigo mientras las lágrimas y la sangre me empañan la vista, cuantas veces más buscaré  documento, dinero, abrigo? Hoy me resulta insólito imaginarme buscando algo entre los hierros retorcidos, es casi gracioso si lo pienso, buscar objetos que uno  cree  necesitar cuando aun  no se tiene la certeza de estar viva o si ya se es parte del cuadro de horror que tanta gente mira…
Creo que ya me está pareciendo difícil pensar que estuve ahí… que intenté ayudar a Mercedes, y que fue su expresión tranquila lo que al fin me sosegó… porque ante lo inevitable, uno se resigna y no ofrece resistencia.
Que me puse de pié para alcanzar a Negrita que estaba tan cerca y a la vez tan lejos, que no pude ver su rostro nunca más,  que no pude tocarla siquiera pues debí sentarme ante el dolor punzante que surcaba mis entrañas…

 Cuando recorro mentalmente cada cuadro de los que conforman la película, me doy cuenta que ante el abismo de la muerte no parece haber dolor, ni miedo, se produce una suerte de filtro que permite focalizar lo importante. ¿En qué se piensa? En que mi hija está lejos para saber que es lo único importante… que mi madre no tiene la fortaleza suficiente como para sobrevivir a sus hermanas…que mi hermano deberá cargar sobre sus hombros la responsabilidad de sostener toda la familia. De que a mi padre se le puede detener el corazón cuanto le avisen que nuestras vidas se quedaron en la ruta…

Cuántas veces más se oirán las sirenas con su habitual  presagio de desgracia? aunque en ese momento me resultaran reconfortante, porque cualquier cosa es preferible a esa soledad infinita que se siente en el instante en que uno sale del desvanecimiento y entra de lleno en un mundo desconocido…
A veces me pregunto cómo hacen esos seres humanos que vienen en tu ayuda  para no retroceder ante las terribles imágenes que representan estas cosas… cómo mantienen la serenidad, la sangre fría, la amabilidad, la paciencia, la cordialidad y la paz interior para ayudar a aquellos que como yo, somos recién paridos por la tragedia?… Será que se sostienen en la esperanza? será que al cruzar a alguno de nosotros por la calle sienten la satisfacción de la tarea cumplida? Son gente notable, desinteresada, los primeros ángeles que se presentan en tu auxilio.

A veces tengo miedo de estar olvidando de a poco cada momento, cada sensación… y no es por puro masoquismo que necesite recordar, sino porque el ejercicio de memoria me ayuda a rescatar y destacar las cosas buenas que completan el momento.
Cuantas veces más me inmovilizarán para el traslado y me dirán que para mis tías ya no hay ayuda posible?
Apenas recuerdo el trayecto urgente, pero no la sirena, en cambio tengo grabado   el cielo celeste que para ese momento estaba completamente despejado, como si la lluvia hubiera sido la herramienta elegida para segar dos vidas y a la vez aliviar el calor y la sed de las plantas… Luego me enteraría que apenas fue un chaparrón localizado, que a pocas cuadras cayó piedras y que para otros no llegó ni a llovizna… Y en este punto uno distingue que hay un Dios, que no está para cumplir el deseo individual,  sino para mantener un equilibrio universal… que para uno es un misterio, tanto por sus métodos como por  su fin, y sin embargo apenas uno se entrega de lleno a su voluntad, el peso de la vida se aligera notablemente…

Cuántas veces más volverá a recibirme  el Dr. Ortiz Riera en la guardia del hospital…?
Cuántas más la premura de las enfermeras, las puntadas en la frente, en la mano, los dedos?  las preguntas de rigor del oficial que intenta esclarecer un hecho que no tiene explicación, que no tiene razón de ser pero que sin embargo ya es la realidad absoluta?
Cuanto más intentaré recordar un teléfono, un nombre que sirva de nexo entre las familias de mis tías y la ruta 19?… porque en ese momento soy solo una víctima anónima, hasta ese momento nadie de los que me rodean y ayudan saben de mí, y lo que voy sabiendo yo misma, es lo que dicen las noticias de la tarde: un herido que se debate entre la vida y la muerte…  y  me asaltan las dudas porque me siento tan bien, tan tranquila, observo cómo van cortando mis ropa y me parece innecesario pues podría ponerme de pie y salir caminando…

Y cuantas veces más me prestarán  el celular para hacer esa llamada de rigor a la familia para ponerlos al tanto?
Cuántas veces más deberé pedirle a mi hermano que recorra los 800 kms que nos separan para traer a su madre tan amada al funeral de nuestras tías?
Habré podido darle un tono sereno a mi voz cuando le contaba los sucesos? Se habrá convencido cuando le decía que estaba bien, que solo tenía algunos golpes?...
Cuántas veces más llegará mi madre a los pies de la cama, aun sin saber que sus hermanas menores no están más?
Porque para mi hermano no fue posible darle esa noticia ante un largo viaje, pensó que ya encontraría la forma de hacerlo cuando llegaran… cuanta angustia debió sentir mientras ella le refería que debería quedarse para cuidarlas porque la creía heridas. Y cual habrá sido la impresión al verme tan golpeada, con cuello ortopédico, intentando contener a todos, intentando darles fuerzas a todos… dándole a mi madre la noticia que nunca quisiera darle, porque en ese momento me convertí en el mensajero del destino y juro que no es fácil hacer este trago menos amargo, no hay detalle que amaine la tempestad de dolor que se avecina.

Cuántas veces más me acechará la culpa del sobreviviente, la certeza de que si solo hubiera hecho algo diferente la historia sería otra? ¿Por qué uno sigue confundiendo un  golpe de suerte con  omnipotencia … sigue pensando que de  haber salido unos minutos antes o después podrían haber hecho la diferencia… Será porque cuando se  mira desde arriba este ajedrez que es la vida,  se da cuenta que unos minutos antes o después habría puesto a los actores en posiciones diferentes, fuera de la curva, fuera de la cortina de agua… y uno se sigue aventurando y piensa que si en lugar del camión hubiera sido un auto… y si en lugar de ir por la ruta hubiera elegido el camino de tierra… o bajarse a la banquina en el momento que arrecia el agua…
Y sobre todos los tal vez, sobresale siempre la mayor duda:
Qué habría pasado si hubiera aceptado cambiar con mi tía su lugar junto al acompañante?
Si en lugar de dejarle el asiento más cómodo hubiera tomado su lugar en el destino…
Esa sí que es difícil!!!
Quiero creer que ella habría salvado su vida, tal vez más herida de lo que resulté, tal vez con menos posibilidades de reponerse, pero tal vez habría estado el tiempo suficiente para poder despedirse de su hermana, del esposo, de sus hijos… porque la verdad es que se fueron sin saludar! Salieron con un hasta luego, hasta pronto y prosiguieron  su viaje juntas,  y sus hijos quedaron esperando, un marido que quedó tomando mate esa tarde, sin pensar que se estaba tejiendo el destino que lo dejaría solo, con la vida dividida en un antes un después… Porque soy consciente de que aquél día, no solo yo quedé tendida en la ruta, no solo mi vida se partió en dos, fueron muchos más los que fueron chocados, fueron muchos los que se encontraron con que la seguridad que nos da confianza para acostarnos a dormir cada noche puede ser frágil y poco duradera.
Aun recuerdo la última vuelta por el pueblo, la amabilidad de la gente, la familiaridad con mis tías, las cosas que compramos en el almacén para comer en el viaje… los muchos vecinos que nos vieron partir como algo cotidiano y sin consecuencias. Calculo que les habrá pegado duro recibir una hora después la noticia del accidente… porque la tragedia tiene eso tan particular de lanzarte a la fama en un segundo… aun me estaban haciendo las primeras curaciones cuando oíamos en la tele que en la ruta 19, curva CBSé un accidente se había cobrado la vida de dos mujeres y una tercera estaba en estado desesperante… y yo le preguntaba al Dr. Ortiz Riera si era de mí de quien hablaban, ni siquiera sentía  la abrasión de los cepillos sobre  las heridas en la premura de limpiar y suturar para detener la vida que se escapaba en forma líquida y viscosa… no había dolor, ya ni siquiera había angustia pues el cerebro necesita ponerse a salvo de la tragedia, y uno se queda desorientado, imposibilitado de sentir lo que está pasando. Y digo sentir porque no existe la negación de los hechos, es solo que uno no es capaz de sentir el dolor físico ni tampoco espiritual, la anestesia no hacía falta porque la adrenalina hasta me daban fuerzas para hacer bromas con el doctor…  Martín! Qué gran médico eres… qué gran ser humano! Siempre habitas en mi corazón, en esos rinconcitos cálidos ayudándome a espantar los fantasmas… en ese momento fuiste mi caballero andante, el que me brindó confianza,  con sus reproches por las locuras que yo decía, me mantuviste cuerda, tu contención me dio la fuerza necesaria para poder enfrentar lo que vendría, estuviste  siempre, aun cuando ya no era tu paciente, cuidándome y alentándome… eres  uno de los ángeles que extraño tanto… y no te lo he podido decir nunca…