Thursday, January 31, 2013

Un poco más de lo mismo...(segunda entrega)







Llegar a un lugar nuevo suele ser interesante, conocer gente… pero mi llegada al Iturraspe, inmovilizada sobre una tabla-camilla, con cuello ortopédico, no me permitió aplicar ningún protocolo conocido.

Ni se bien cómo llegué, ingresar amarrada y boca arriba sin poder ver a los lados imposibilita reconocer el terreno, fue como ingresar a un túnel aunque hay que ser sinceros: no vi ninguna luz al final del mismo!

La única certeza que tuve fue que estaba en manos de estos seres anónimos vestidos de ambos celestes… de ellos dependería desde ese momento mi permanencia en este mundo o seguir a mis tías en su viaje hacia el infinito.

En medio de la conmoción, realizadas las suturas del caso y a punto de empezar con placas y tomografías, llegó un sacerdote, el padre Rivero, se me acercó para preguntarme si quería confesarme. Para ese entonces yo sentía que era cuestión de tiempo la partida, tanto bienestar, tanta falta de temor, de angustia, no podía ser otra cosa que ese momento final en que nos despedimos de la vida...

Recuerdo que pasamos a un consultorio vacío y hablamos... comentó que se detuvo a darle los Santos Oleos a mis tías… me di cuenta que tenía demasiadas deudas pendientes como para resumirlas en esos pocos minutos que me estaban dando antes de salir en la ambulancia rumbo al tomógrafo para ver el estado de mi cabeza.

De todas formas hablamos lo suficiente como para imaginar que el cielo no tiene un gran portal y ni siquiera depende de nosotros poder ingresar, sino de la buena voluntad del Custodio, porque uno no sabe de qué arrepentirse primero, y peor aún, ni siquiera está seguro de querer arrepentirse de lo que debiera, pues es la vida misma la que choca contra las escrituras y contra muchos de esos preceptos absurdos que se impuso el hombre.
Así que ahí está uno, todo golpeado, tratando de blanquear situaciones, tratando de sacar pasaje en primera clase hacia arriba pero con una mochila tan cargada que amenaza arrastrarnos hasta lo más profundo del averno. Visto hoy, me causa un poco de gracia la imagen, sin embargo en ese momento fue bueno ese pequeño examen de conciencia y recibir la Unción…supongo que fue como tener un salvoconducto en el bolsillo mientras se espera el llamado.

Y el llamado llegó pronto, pero para el traslado hacia la sala de rayos… ponerme de pie me devolvió un poco la conciencia del dolor que producen los huesos fragmentados, los golpes y contusiones, pero fue apenas un momento… la incertidumbre vuelve para ocupar todos los planos. Nuevo llamado, esta vez para trasladarme a otro centro donde se realiza la tomografía… el cráneo bien, el cerebro sin derrames… volver al Iturraspe para la internación preventiva.

La primera imagen que me salta es la de Jorge, abnegado a la enésima potencia, gentil o bueno, todo él irradia tranquilidad y seguridad. No trabaja en el hospital, solo está haciendo una suplencia ese verano, pero tiene muy claro las necesidades de los pacientes. Me acicala un poco tratando de eliminar los rastros del accidente pero el cuello ortopédico tiene prensado mi cabello manchado por los cortes, con el calor se torna desagradable al olfato y él aparece con perfume para atenuarlo… siento que otro ángel ha bajado para cuidarme…

Habrán de venir muchos enfermeros más, Carlitos, Andrea, otros muchos cuyos nombres se fueron perdiendo en mi memoria fragmentada, pero que se que estuvieron en todo momento...

Cuando uno va tomando confianza de que ya está superando las crisis surge algo nuevo, desconocido... recuerdo que intentaba dormir esa noche y mientras cerraba los ojos eran muchas las imágenes que acudían, detalles psicodélicos, colores fluyendo... y al abrir los ojos este mundo extraño desaparecía, podía ver a mi hermano sentado acompañando mi sueño... me costaba respirar y aun así no me daba cuenta de que la vida se estaba escurriendo por algún lado.
Cuando hablé con la enfermera al fin caí en la cuenta de que la situación no era normal, debían darme el alta pronto pero sentía que me costaba hablar, respirar... hemorragia interna! estallido de bazo?

Recuerdo que vinieron de hemo para hacerme la primera transfusión y me quería negar, sentía rechazo a la situación, pensaba en enfermedades tan comentadas en el presente, pero llega el momento en que la decisión es impostergable y si uno tiene que luchar, es mejor contar con todas las armas posibles... aun recuerdo la sensación de bienestar, de pasar de ese letargo mortecino a sentirme viva nuevamente en solo unos minutos, una Comunión con la vida...realmente el milagro de la vida en cada gota...

Otra vez la excursión al tomógrafo externo, un viaje mucho más doloroso pues el hematoma del pie comienza a ser un problema. Recuerdo el líquido de contraste que bebí y el poco tiempo que pude retenerlo, pero al fin el bazo está descartado, es un hemotorax, otra palabra nueva para mi vocabulario que desde hace días no para de crecer.

El dolor del pie ya se torna insoportable, me sigue costando respirar y esa noche entro a quirófano luego de una nueva tranfusion, sin temor, bromeando como intenté siempre.

Recuerdo el pinchazo de la anestesia local , el brazo levantado mientras ingresaba la aguja y luego la cánula hacia lo que creía serían los pulmones, he visto simulación de este proceso en las series de televisión, pero sentirlo en vivo no parece tan terrible, juro que no sentí dolor, solo esa sensación de sentir los tejidos ofreciendo resistencia porque hasta ahí, tenía la conciencia absoluta de todo lo que pasaba, de mi cuerpo y de mi mente.

Pero supongo que habrá habido un cambio de planes sobre la marcha ya que desperté tres días después del coma, sin poder respirar mientras retiraban la vía que me conectaba al respirador... drenajes a los costados, la herida del pie abierta, las manos enormes por el exceso de suero, una nueva guía en el cuello...

Recuerdo que a ver a mi hermano fue lo mejor, se que estuvo muy angustiado durante esos días en que la situación se volvió crítica... luego me contarían que hasta volvieron a traer a un sacerdote para que me diera la unción de los enfermos cuando la sepsis puso en peligro mi vida y sobre todo el pié... fueron tres días largos para los que esperan, para mí solo fue un cerrar y abrir de ojos pues no tengo registros de esos momentos, solo conservo el recuerdo de que mi hermano me preguntó si quería una foto y yo le señale con el pulgar que si... tal vez es solo un sueño, pero tengo esa foto...

Fue en la UTI donde conocí a Natalia...