Friday, February 01, 2013

Vitácora 1 de Febrero de 2013 (cinco años ya)


Se cumple un nuevo año y me sigue pesando, en los días previos va creciendo la ansiedad, me inunda la intranquilidad, como si por enésima vez una voz indefinida me llamara hacia otros lugares. Es como viajar sin rumbo, por distintos caminos, pero todos convergen en un mismo punto, el mismo día, misma hora y lugar… como una cita ancestral.
Y llego más o menos triste, más o menos angustiada, más o menos tranquila que el año anterior, pero llego siempre, será que no hay lugar para el olvido? Será que no es posible desentenderse de este pseudo-nacimiento  y a la vez orfandad de tías?
Hoy me sigue doliendo la ausencia como el mismo minuto en que se fueron, lo extraño es que en otras fechas suelen estar presentes en una forma tan vívida que su recuerdo es solo la casualidad de la lejanía, un pensar que están lejos, pero que en cualquier momento puede surgir el reencuentro… como antes, como cuando llegaban a casa con su carga de novedades familiares, con productos de granja, miel y regalos, con sus presencias tan ruidosas y queridas… pero hoy no son ellas, hoy son un recuerdo difícil, un momento congelado en el tiempo, un adiós sin adiós, son sus familias que se quedaron sin ellas, son mis compañeras de viaje que desertaron de la vida y ya habitan en las estrellas, en esos mundos que ni imaginamos, pero en los que queremos creer para darles una forma confortable a sus estadías…o mejor dicho, a no estar aquí. Hoy  es el día en que el recuerdo es un montón de chapas, una lluvia torrencial, un despertar sin entender nada y comprender todo, gracias a Dios mañana recuperaré la calma, la resignación y sobre todo, la gratitud hacia la vida que me da la oportunidad de seguir adelante.
No se si para cumplir con algún proyecto divino o simplemente para seguir aportando mi granito de arena a la estructura  familiar,  laboral o a la vida de los amigos.


Thursday, January 31, 2013

Un poco más de lo mismo...(segunda entrega)







Llegar a un lugar nuevo suele ser interesante, conocer gente… pero mi llegada al Iturraspe, inmovilizada sobre una tabla-camilla, con cuello ortopédico, no me permitió aplicar ningún protocolo conocido.

Ni se bien cómo llegué, ingresar amarrada y boca arriba sin poder ver a los lados imposibilita reconocer el terreno, fue como ingresar a un túnel aunque hay que ser sinceros: no vi ninguna luz al final del mismo!

La única certeza que tuve fue que estaba en manos de estos seres anónimos vestidos de ambos celestes… de ellos dependería desde ese momento mi permanencia en este mundo o seguir a mis tías en su viaje hacia el infinito.

En medio de la conmoción, realizadas las suturas del caso y a punto de empezar con placas y tomografías, llegó un sacerdote, el padre Rivero, se me acercó para preguntarme si quería confesarme. Para ese entonces yo sentía que era cuestión de tiempo la partida, tanto bienestar, tanta falta de temor, de angustia, no podía ser otra cosa que ese momento final en que nos despedimos de la vida...

Recuerdo que pasamos a un consultorio vacío y hablamos... comentó que se detuvo a darle los Santos Oleos a mis tías… me di cuenta que tenía demasiadas deudas pendientes como para resumirlas en esos pocos minutos que me estaban dando antes de salir en la ambulancia rumbo al tomógrafo para ver el estado de mi cabeza.

De todas formas hablamos lo suficiente como para imaginar que el cielo no tiene un gran portal y ni siquiera depende de nosotros poder ingresar, sino de la buena voluntad del Custodio, porque uno no sabe de qué arrepentirse primero, y peor aún, ni siquiera está seguro de querer arrepentirse de lo que debiera, pues es la vida misma la que choca contra las escrituras y contra muchos de esos preceptos absurdos que se impuso el hombre.
Así que ahí está uno, todo golpeado, tratando de blanquear situaciones, tratando de sacar pasaje en primera clase hacia arriba pero con una mochila tan cargada que amenaza arrastrarnos hasta lo más profundo del averno. Visto hoy, me causa un poco de gracia la imagen, sin embargo en ese momento fue bueno ese pequeño examen de conciencia y recibir la Unción…supongo que fue como tener un salvoconducto en el bolsillo mientras se espera el llamado.

Y el llamado llegó pronto, pero para el traslado hacia la sala de rayos… ponerme de pie me devolvió un poco la conciencia del dolor que producen los huesos fragmentados, los golpes y contusiones, pero fue apenas un momento… la incertidumbre vuelve para ocupar todos los planos. Nuevo llamado, esta vez para trasladarme a otro centro donde se realiza la tomografía… el cráneo bien, el cerebro sin derrames… volver al Iturraspe para la internación preventiva.

La primera imagen que me salta es la de Jorge, abnegado a la enésima potencia, gentil o bueno, todo él irradia tranquilidad y seguridad. No trabaja en el hospital, solo está haciendo una suplencia ese verano, pero tiene muy claro las necesidades de los pacientes. Me acicala un poco tratando de eliminar los rastros del accidente pero el cuello ortopédico tiene prensado mi cabello manchado por los cortes, con el calor se torna desagradable al olfato y él aparece con perfume para atenuarlo… siento que otro ángel ha bajado para cuidarme…

Habrán de venir muchos enfermeros más, Carlitos, Andrea, otros muchos cuyos nombres se fueron perdiendo en mi memoria fragmentada, pero que se que estuvieron en todo momento...

Cuando uno va tomando confianza de que ya está superando las crisis surge algo nuevo, desconocido... recuerdo que intentaba dormir esa noche y mientras cerraba los ojos eran muchas las imágenes que acudían, detalles psicodélicos, colores fluyendo... y al abrir los ojos este mundo extraño desaparecía, podía ver a mi hermano sentado acompañando mi sueño... me costaba respirar y aun así no me daba cuenta de que la vida se estaba escurriendo por algún lado.
Cuando hablé con la enfermera al fin caí en la cuenta de que la situación no era normal, debían darme el alta pronto pero sentía que me costaba hablar, respirar... hemorragia interna! estallido de bazo?

Recuerdo que vinieron de hemo para hacerme la primera transfusión y me quería negar, sentía rechazo a la situación, pensaba en enfermedades tan comentadas en el presente, pero llega el momento en que la decisión es impostergable y si uno tiene que luchar, es mejor contar con todas las armas posibles... aun recuerdo la sensación de bienestar, de pasar de ese letargo mortecino a sentirme viva nuevamente en solo unos minutos, una Comunión con la vida...realmente el milagro de la vida en cada gota...

Otra vez la excursión al tomógrafo externo, un viaje mucho más doloroso pues el hematoma del pie comienza a ser un problema. Recuerdo el líquido de contraste que bebí y el poco tiempo que pude retenerlo, pero al fin el bazo está descartado, es un hemotorax, otra palabra nueva para mi vocabulario que desde hace días no para de crecer.

El dolor del pie ya se torna insoportable, me sigue costando respirar y esa noche entro a quirófano luego de una nueva tranfusion, sin temor, bromeando como intenté siempre.

Recuerdo el pinchazo de la anestesia local , el brazo levantado mientras ingresaba la aguja y luego la cánula hacia lo que creía serían los pulmones, he visto simulación de este proceso en las series de televisión, pero sentirlo en vivo no parece tan terrible, juro que no sentí dolor, solo esa sensación de sentir los tejidos ofreciendo resistencia porque hasta ahí, tenía la conciencia absoluta de todo lo que pasaba, de mi cuerpo y de mi mente.

Pero supongo que habrá habido un cambio de planes sobre la marcha ya que desperté tres días después del coma, sin poder respirar mientras retiraban la vía que me conectaba al respirador... drenajes a los costados, la herida del pie abierta, las manos enormes por el exceso de suero, una nueva guía en el cuello...

Recuerdo que a ver a mi hermano fue lo mejor, se que estuvo muy angustiado durante esos días en que la situación se volvió crítica... luego me contarían que hasta volvieron a traer a un sacerdote para que me diera la unción de los enfermos cuando la sepsis puso en peligro mi vida y sobre todo el pié... fueron tres días largos para los que esperan, para mí solo fue un cerrar y abrir de ojos pues no tengo registros de esos momentos, solo conservo el recuerdo de que mi hermano me preguntó si quería una foto y yo le señale con el pulgar que si... tal vez es solo un sueño, pero tengo esa foto...

Fue en la UTI donde conocí a Natalia...

Monday, November 26, 2012

Cápsula de tiempo (primera entrega)


Ha seguido corriendo el tiempo, lo veo en el espejo, lo veo el calendario, lo veo en los hijos que han ido creciendo,  pero no siempre mi cerebro puede dar fe de ello.
Cuántas veces más tendré que volver a salir de la casa de Mercedes  para definir la historia?
Cuántas veces más me acompañarán sus risas y esa alegría que me llena el corazón?

Cuántas veces más arreciará la lluvia borrando completamente el entorno… cuántas veces más se acercarán las luces redondas del camión en cámara lenta… cuántas veces más mi retina registrará esa imagen sub real de los faros emergiendo de las tinieblas que conforma el agua que precipita?

Y cuántas veces más despertaré entre los hierros retorcido, con la lluvia cayendo en mi espalda?
Cuántas más se sobrecogerá mi  corazón ante la magnitud del momento?
Cuántas me abrumará la soledad  mientras tanta gente me rodea sin acercarse, será porque para ellos formo parte de un espectáculo increíble, alimento para el morbo colectivo?…. O será porque nadie sabe qué se hace en estos casos,  nadie parece estar preparado para el momento en que  la muerte despliega su manto sobre el asiento de al lado… pero debo admitir que ante la inminencia de la muerte, uno parece saber perfectamente qué hacer…

Y cuántas veces más respiraré profundo y empezaré  a buscar el celular que ya no está conmigo mientras las lágrimas y la sangre me empañan la vista, cuantas veces más buscaré  documento, dinero, abrigo? Hoy me resulta insólito imaginarme buscando algo entre los hierros retorcidos, es casi gracioso si lo pienso, buscar objetos que uno  cree  necesitar cuando aun  no se tiene la certeza de estar viva o si ya se es parte del cuadro de horror que tanta gente mira…
Creo que ya me está pareciendo difícil pensar que estuve ahí… que intenté ayudar a Mercedes, y que fue su expresión tranquila lo que al fin me sosegó… porque ante lo inevitable, uno se resigna y no ofrece resistencia.
Que me puse de pié para alcanzar a Negrita que estaba tan cerca y a la vez tan lejos, que no pude ver su rostro nunca más,  que no pude tocarla siquiera pues debí sentarme ante el dolor punzante que surcaba mis entrañas…

 Cuando recorro mentalmente cada cuadro de los que conforman la película, me doy cuenta que ante el abismo de la muerte no parece haber dolor, ni miedo, se produce una suerte de filtro que permite focalizar lo importante. ¿En qué se piensa? En que mi hija está lejos para saber que es lo único importante… que mi madre no tiene la fortaleza suficiente como para sobrevivir a sus hermanas…que mi hermano deberá cargar sobre sus hombros la responsabilidad de sostener toda la familia. De que a mi padre se le puede detener el corazón cuanto le avisen que nuestras vidas se quedaron en la ruta…

Cuántas veces más se oirán las sirenas con su habitual  presagio de desgracia? aunque en ese momento me resultaran reconfortante, porque cualquier cosa es preferible a esa soledad infinita que se siente en el instante en que uno sale del desvanecimiento y entra de lleno en un mundo desconocido…
A veces me pregunto cómo hacen esos seres humanos que vienen en tu ayuda  para no retroceder ante las terribles imágenes que representan estas cosas… cómo mantienen la serenidad, la sangre fría, la amabilidad, la paciencia, la cordialidad y la paz interior para ayudar a aquellos que como yo, somos recién paridos por la tragedia?… Será que se sostienen en la esperanza? será que al cruzar a alguno de nosotros por la calle sienten la satisfacción de la tarea cumplida? Son gente notable, desinteresada, los primeros ángeles que se presentan en tu auxilio.

A veces tengo miedo de estar olvidando de a poco cada momento, cada sensación… y no es por puro masoquismo que necesite recordar, sino porque el ejercicio de memoria me ayuda a rescatar y destacar las cosas buenas que completan el momento.
Cuantas veces más me inmovilizarán para el traslado y me dirán que para mis tías ya no hay ayuda posible?
Apenas recuerdo el trayecto urgente, pero no la sirena, en cambio tengo grabado   el cielo celeste que para ese momento estaba completamente despejado, como si la lluvia hubiera sido la herramienta elegida para segar dos vidas y a la vez aliviar el calor y la sed de las plantas… Luego me enteraría que apenas fue un chaparrón localizado, que a pocas cuadras cayó piedras y que para otros no llegó ni a llovizna… Y en este punto uno distingue que hay un Dios, que no está para cumplir el deseo individual,  sino para mantener un equilibrio universal… que para uno es un misterio, tanto por sus métodos como por  su fin, y sin embargo apenas uno se entrega de lleno a su voluntad, el peso de la vida se aligera notablemente…

Cuántas veces más volverá a recibirme  el Dr. Ortiz Riera en la guardia del hospital…?
Cuántas más la premura de las enfermeras, las puntadas en la frente, en la mano, los dedos?  las preguntas de rigor del oficial que intenta esclarecer un hecho que no tiene explicación, que no tiene razón de ser pero que sin embargo ya es la realidad absoluta?
Cuanto más intentaré recordar un teléfono, un nombre que sirva de nexo entre las familias de mis tías y la ruta 19?… porque en ese momento soy solo una víctima anónima, hasta ese momento nadie de los que me rodean y ayudan saben de mí, y lo que voy sabiendo yo misma, es lo que dicen las noticias de la tarde: un herido que se debate entre la vida y la muerte…  y  me asaltan las dudas porque me siento tan bien, tan tranquila, observo cómo van cortando mis ropa y me parece innecesario pues podría ponerme de pie y salir caminando…

Y cuantas veces más me prestarán  el celular para hacer esa llamada de rigor a la familia para ponerlos al tanto?
Cuántas veces más deberé pedirle a mi hermano que recorra los 800 kms que nos separan para traer a su madre tan amada al funeral de nuestras tías?
Habré podido darle un tono sereno a mi voz cuando le contaba los sucesos? Se habrá convencido cuando le decía que estaba bien, que solo tenía algunos golpes?...
Cuántas veces más llegará mi madre a los pies de la cama, aun sin saber que sus hermanas menores no están más?
Porque para mi hermano no fue posible darle esa noticia ante un largo viaje, pensó que ya encontraría la forma de hacerlo cuando llegaran… cuanta angustia debió sentir mientras ella le refería que debería quedarse para cuidarlas porque la creía heridas. Y cual habrá sido la impresión al verme tan golpeada, con cuello ortopédico, intentando contener a todos, intentando darles fuerzas a todos… dándole a mi madre la noticia que nunca quisiera darle, porque en ese momento me convertí en el mensajero del destino y juro que no es fácil hacer este trago menos amargo, no hay detalle que amaine la tempestad de dolor que se avecina.

Cuántas veces más me acechará la culpa del sobreviviente, la certeza de que si solo hubiera hecho algo diferente la historia sería otra? ¿Por qué uno sigue confundiendo un  golpe de suerte con  omnipotencia … sigue pensando que de  haber salido unos minutos antes o después podrían haber hecho la diferencia… Será porque cuando se  mira desde arriba este ajedrez que es la vida,  se da cuenta que unos minutos antes o después habría puesto a los actores en posiciones diferentes, fuera de la curva, fuera de la cortina de agua… y uno se sigue aventurando y piensa que si en lugar del camión hubiera sido un auto… y si en lugar de ir por la ruta hubiera elegido el camino de tierra… o bajarse a la banquina en el momento que arrecia el agua…
Y sobre todos los tal vez, sobresale siempre la mayor duda:
Qué habría pasado si hubiera aceptado cambiar con mi tía su lugar junto al acompañante?
Si en lugar de dejarle el asiento más cómodo hubiera tomado su lugar en el destino…
Esa sí que es difícil!!!
Quiero creer que ella habría salvado su vida, tal vez más herida de lo que resulté, tal vez con menos posibilidades de reponerse, pero tal vez habría estado el tiempo suficiente para poder despedirse de su hermana, del esposo, de sus hijos… porque la verdad es que se fueron sin saludar! Salieron con un hasta luego, hasta pronto y prosiguieron  su viaje juntas,  y sus hijos quedaron esperando, un marido que quedó tomando mate esa tarde, sin pensar que se estaba tejiendo el destino que lo dejaría solo, con la vida dividida en un antes un después… Porque soy consciente de que aquél día, no solo yo quedé tendida en la ruta, no solo mi vida se partió en dos, fueron muchos más los que fueron chocados, fueron muchos los que se encontraron con que la seguridad que nos da confianza para acostarnos a dormir cada noche puede ser frágil y poco duradera.
Aun recuerdo la última vuelta por el pueblo, la amabilidad de la gente, la familiaridad con mis tías, las cosas que compramos en el almacén para comer en el viaje… los muchos vecinos que nos vieron partir como algo cotidiano y sin consecuencias. Calculo que les habrá pegado duro recibir una hora después la noticia del accidente… porque la tragedia tiene eso tan particular de lanzarte a la fama en un segundo… aun me estaban haciendo las primeras curaciones cuando oíamos en la tele que en la ruta 19, curva CBSé un accidente se había cobrado la vida de dos mujeres y una tercera estaba en estado desesperante… y yo le preguntaba al Dr. Ortiz Riera si era de mí de quien hablaban, ni siquiera sentía  la abrasión de los cepillos sobre  las heridas en la premura de limpiar y suturar para detener la vida que se escapaba en forma líquida y viscosa… no había dolor, ya ni siquiera había angustia pues el cerebro necesita ponerse a salvo de la tragedia, y uno se queda desorientado, imposibilitado de sentir lo que está pasando. Y digo sentir porque no existe la negación de los hechos, es solo que uno no es capaz de sentir el dolor físico ni tampoco espiritual, la anestesia no hacía falta porque la adrenalina hasta me daban fuerzas para hacer bromas con el doctor…  Martín! Qué gran médico eres… qué gran ser humano! Siempre habitas en mi corazón, en esos rinconcitos cálidos ayudándome a espantar los fantasmas… en ese momento fuiste mi caballero andante, el que me brindó confianza,  con sus reproches por las locuras que yo decía, me mantuviste cuerda, tu contención me dio la fuerza necesaria para poder enfrentar lo que vendría, estuviste  siempre, aun cuando ya no era tu paciente, cuidándome y alentándome… eres  uno de los ángeles que extraño tanto… y no te lo he podido decir nunca…


Wednesday, February 01, 2012

Hace exactamente cuatro años atrás, a esta hora me encontraba finalizando una semanita de vacaciones, había pasado unos días en Córdoba, San francisco y ya desde Esmeralda, regresaríamos con mis tías, previa búsqueda de mi primo, que al volante, nos devolvería a casa, armamos bolsos de viaje en forma espontánea, el regreso siempre es más relajado, uno arma los bolsos sin demasiado cuidado, tratando de no dejar nada pero sin la preocupación de que todo llegue impecable… no recuerdo muchos detalles, pero si la caja en la que Hortensia guardó frascos de dulce, miel y huevos frescos, chorizos a la grasa… en fín, todas esas cosas con las que generosamente llegaba a casa para agasajarnos.
Había llovido un poco y seguía un algo amenazante por lo que se decidió salir por la ruta y no por el camino de tierra que habitualmente tomaría para ahorrar kilómetros y tiempo.
Salimos con sol, aun recuerdo que nos paramos frente a la puerta de calle y frente al auto a tomar fotos de mis tías… un viaje más para ellas, pero no por eso el nerviosismo de los preparativos era diferente a otras tantas veces… Recuerdo haber querido demorar este regreso, no por alguna premonición sino por llevarle unos alfajores a mi tío Juan, que se quedaron sobre la mesa. Eran solo 3 kilómetros en bici, poco tiempo para un mandado pero el suficiente para imaginar un destino diferente.
Pero como cada hecho sucede justo cuando debe suceder nos ponemos en marcha… Hortensia que quiere sentarse atrás para cederme el asiento de acompañante y yo que por pura cortesía no acepto, a sabiendas que ella va más cómoda adelante. A sus pies va la canasta con el termo y algunos bocadillos con los que nos entretendremos en el viaje.
Mercedes va segura como siempre… mujer decidida que a lo largo de sus años salió airosa de muchos padecimientos, perder un hijo… operaciones que no terminaban de salir bien, cuidando un marido discapacitado por años, siempre dando lo mejor… y sale esta mujer maravillosa en su día de sol rumbo a la casa del hijo… la ruta soleada, los campos brillan, saco fotos con el celular de sembradíos de girasoles que son tan espectaculares a la vista, toda la maravilla de Dios ante mis ojos para los que la imagen del campo, con sus verdes, amarillos y marrones es por demás acogedora…
No recuerdo en qué momento pasamos del sol a las nubes, pero cuando entramos en la lluvia torrencial y se pierde toda la visibilidad ya no hay fotos, solo tratar de atender el camino… pero ha desaparecido todo…
Como esas imágenes en cámara, lenta aparecen las luces redondas que se acercan, apenas a metros y apenas unos segundos…
Me despierta la sensación de descanso que acompaña cualquier mañana, solo la lluvia en mi espalda evidencia otra realidad. Poco a poco voy entrando en la comprensión de la tragedia, primeramente por esa sensación fría en la espalda, luego por la posición insólita en que despierto, volcada sobre el asiento, con al cabeza apoyada en la conservadora.
Mis tías han seguido su viaje juntas, dejaron atrás las ataduras de este mundo tal como recibieron los impactos del accidente. Instintivamente toco a Mercedes aunque ya he comprendido todo, busco su pulso inexistente, busco a Hortensia que está fuera del auto, se que también se ha ido pero intento llegar a ella y aquí es mi cuerpo el que me impide los movimientos…
Alguien me pide que no me mueva, que espere la ayuda… es el conductor del camión que camina desesperado de un lado a otro con las manos en la cabeza, no vi. su cara, solo esa actitud de no poder creer…
Yo tampoco puedo creer, busco el celular que antes tuviera en la falda y ya no está, trato de revisar el pequeño espacio en el que estoy porque urge pedir ayuda y no lo encuentro…El auto en el que iniciamos el viaje ya no existe, es solo un montoncito de hierros retorcidos, vidrios rotos,frascos de dulce rotos.. me siento perdida, sola en un lugar remoto, una isla sin el celular, sin poder decirle a los míos lo que está pasando… después me daría cuenta lo mucho que cuesta decirles lo que pasó.
Pero en ese momento la soledad me abruma porque en esta película soy el único sobreviviente y se siente terrible… Luego vendrán las culpas del sobreviviente, las culpas por no haber cambiado de asiento con Hortensia, son tantos los cuestionamientos que uno se hace luego de… es tan grande el abanico de pequeños hechos que se suman para forjar este desenlace.
Pero estoy sola con la sangre que corre por mi rostro, mis manos… y más allá muchísimos espectadores que señalan, que hacen gestos… están a muchos metros, entonces pienso que tal vez estoy muerta… se dará cuenta uno cuando está muerto? Será por eso nadie se acerca?
La sensación de sosiego se va acercando poco a poco, llega antes que la ambulancia. Ya solo se me ocurre pedir ayuda para mis tías, yo estoy bien… busco con calma un pantalón largo, documentos, algo de dinero, ya está todo bien, mi cerebro de algún modo se pone a salvo de la tragedia, algunos dirán que no estoy cuerda…
Ya me están inmovilizando, pero ya no hay desesperación, ni lucha, ya soy también un espectador más, hasta puedo bromear con los médicos que se afanan de ayudarme… lo mío ya no es una tragedia, se ha convertido en un sobrevivir…

Tuesday, August 29, 2006

"El hombre junto a Dios en el cielo mira sus huellas terrenales, sus propios pasos sobre la arena de la vida...
Ve con satisfacción que en los momentos de dicha Otros pasos acompañan los suyos... son los de Dios...
Sin embargo advierte, con algo de contrariedad, que cuando la senda se vuelve borrascosa y difìcil, solo está la solitaria marca de su andar.
Con tristeza pregunta:
-por qué justo cuando más te necesité dejaste de caminar a mi lado?
Y Dios le responde
-las que ves son Mis huellas, no las tuyas, las que dejé mientras te cargaba cada vez que desfalleciste..."

De dónde nace la fuerza interior? Hay fuerza interior?
Cómo es que conseguimos hacerle frente a la adversidad?
Podemos sacar fortaleza de donde no hay para superar un mal momento?
O es acaso el mismo Dios quien nos lleva de la mano hasta ponernos a salvo o nos carga en los momentos en que ya no podemos más?
Cómo saber si al mirar atrás son mis pasos o los Suyos?
Y cuando al fín salimos adelante, es meritorio sentir orgullo ante el obstáculo sorteado?
Personalmente, camino agradecida.

Tuesday, August 22, 2006


de GARCIA MARQUEZ
Leer "El amor en tiempos del cólera" fue absolutamente gratificante, cada palabra es justa y precisa. Imperdible.
Desnuda en una forma tierna la relación humana de pareja. Desmistifica al amor como misterio divino e inalcanzable y lo pone a salvo del engaño de las ilusiones, para convertirlo en algo tangible y terrenal.
En sus letras lo cotidiano se vuelve maravilloso y lo imposible no es agonía sino fuerza inspiradora para batallar el día a día.
El amor visto desde los ojos de este libro carece de desperdicios porque hasta el sufrimiento permite sacarle una tajada de sabiduría a la vida.
Todo un canto a la esperanza que quisieramos llevar dentro y la certeza de que el amor solo acompaña a los luchadores...los amores cobardes se quedan ahí.

Friday, August 11, 2006


Vida (Santiago Feliú)


Introd: Do9*-solm9/9-solm9
Do9*
A. Vida,
solm9/7-solm9
traes entre las manos vi - vas
solm9/7 solm7/9-Fa9-FA-Fa9
la esperanza y un motivo
FA* dom*
para que tu sed resulte
solm* FA9
para todos un camino

A. Vida,
la guerra tendrá un sentido
de renacimiento y sueños
sueños que harán del hombre
un humano, un buen destino

dom*
B. Vida,
dom7/5* dom6+/5
te buscamos desde siempre
RE#
y ahora somos toda una razón
LA#
armada
FA7+/3 – SOL - LA - RE/3 RE9-7
desde el alma hasta tu vientre

DO
C. Vida,
SOL-(SOL4)SOL-lam - mim
porque es el verdadero techo
FA - LA# - Fa7+ SOL/3 – DO - SOL
pa - ra que tu te cho
DO SOL DO RE RE7/9
rom - pa este cielo gris

C. Vida, a la muerte le queda un grito
y un corazón que defiende.



SOL-DO-RE- MI - DO-SOL-LA*
Na - ce de tus a - las grandes
sim fa#m-SOL - RE
una historia para siempre
MI – RE6/3- MI-LA (la9)
con el amor
A. Vida,
vendrás quemando el eco
que quiso tener lo viejo
que no tuvo nunca manos
ni palabras por tu triunfo

A. Vida,
los verdaderos hombres
sólo son gigantes brazos
que le nacen a la tierra
y se van a la montaña
B. Vida, la montaña está en la sangre
en tantas calles
la montaña está pariendo
el porvenir de este planeta

C. Vida, de este planeta indio y negro,
blanco, poderoso y pobre
todos al final
C. Vida, a la muerte le queda un grito
y un corazón que defiende.

D. Nace de tus alas grandes
una historia para siempre
con el amor

LA#-fa7+-SOL/3-DO-RE-SOL-DO-FA#
Lai- lararalai...
LA#-fa7+-SOL/3-DO-RE-SOL-DO-FA#
Lai-lararai...
LA#-fa7+-SOL/3-DO-RE-SOL-DO-FA#
Lai-larara...
LA#-fa7+-SOL/3-DO-RE-SOL-DO-RE
Lai-larara...
LA#-FA-LA#FA-LA#
C. Vida, a la muerte le queda un grito...


Esta canción maravillosa se llama Vida, es de Santiago Feliú, un músico de la Nueva trova, lo vi por primera vez de la mano de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y me pareció que se destaca. Quiero compartirla para quien entienda algo de acordes y pueda hacerla sonar en su guitarra...Suerte entonces!