Había llovido un poco y seguía un algo amenazante por lo que se decidió salir por la ruta y no por el camino de tierra que habitualmente tomaría para ahorrar kilómetros y tiempo.
Salimos con sol, aun recuerdo que nos paramos frente a la puerta de calle y frente al auto a tomar fotos de mis tías… un viaje más para ellas, pero no por eso el nerviosismo de los preparativos era diferente a otras tantas veces… Recuerdo haber querido demorar este regreso, no por alguna premonición sino por llevarle unos alfajores a mi tío Juan, que se quedaron sobre la mesa. Eran solo 3 kilómetros en bici, poco tiempo para un mandado pero el suficiente para imaginar un destino diferente.
Pero como cada hecho sucede justo cuando debe suceder nos ponemos en marcha… Hortensia que quiere sentarse atrás para cederme el asiento de acompañante y yo que por pura cortesía no acepto, a sabiendas que ella va más cómoda adelante. A sus pies va la canasta con el termo y algunos bocadillos con los que nos entretendremos en el viaje.
Mercedes va segura como siempre… mujer decidida que a lo largo de sus años salió airosa de muchos padecimientos, perder un hijo… operaciones que no terminaban de salir bien, cuidando un marido discapacitado por años, siempre dando lo mejor… y sale esta mujer maravillosa en su día de sol rumbo a la casa del hijo… la ruta soleada, los campos brillan, saco fotos con el celular de sembradíos de girasoles que son tan espectaculares a la vista, toda la maravilla de Dios ante mis ojos para los que la imagen del campo, con sus verdes, amarillos y marrones es por demás acogedora…
No recuerdo en qué momento pasamos del sol a las nubes, pero cuando entramos en la lluvia torrencial y se pierde toda la visibilidad ya no hay fotos, solo tratar de atender el camino… pero ha desaparecido todo…
Como esas imágenes en cámara, lenta aparecen las luces redondas que se acercan, apenas a metros y apenas unos segundos…
Me despierta la sensación de descanso que acompaña cualquier mañana, solo la lluvia en mi espalda evidencia otra realidad. Poco a poco voy entrando en la comprensión de la tragedia, primeramente por esa sensación fría en la espalda, luego por la posición insólita en que despierto, volcada sobre el asiento, con al cabeza apoyada en la conservadora.
Mis tías han seguido su viaje juntas, dejaron atrás las ataduras de este mundo tal como recibieron los impactos del accidente. Instintivamente toco a Mercedes aunque ya he comprendido todo, busco su pulso inexistente, busco a Hortensia que está fuera del auto, se que también se ha ido pero intento llegar a ella y aquí es mi cuerpo el que me impide los movimientos…
Alguien me pide que no me mueva, que espere la ayuda… es el conductor del camión que camina desesperado de un lado a otro con las manos en la cabeza, no vi. su cara, solo esa actitud de no poder creer…
Yo tampoco puedo creer, busco el celular que antes tuviera en la falda y ya no está, trato de revisar el pequeño espacio en el que estoy porque urge pedir ayuda y no lo encuentro…El auto en el que iniciamos el viaje ya no existe, es solo un montoncito de hierros retorcidos, vidrios rotos,frascos de dulce rotos.. me siento perdida, sola en un lugar remoto, una isla sin el celular, sin poder decirle a los míos lo que está pasando… después me daría cuenta lo mucho que cuesta decirles lo que pasó.
Pero en ese momento la soledad me abruma porque en esta película soy el único sobreviviente y se siente terrible… Luego vendrán las culpas del sobreviviente, las culpas por no haber cambiado de asiento con Hortensia, son tantos los cuestionamientos que uno se hace luego de… es tan grande el abanico de pequeños hechos que se suman para forjar este desenlace.
Pero estoy sola con la sangre que corre por mi rostro, mis manos… y más allá muchísimos espectadores que señalan, que hacen gestos… están a muchos metros, entonces pienso que tal vez estoy muerta… se dará cuenta uno cuando está muerto? Será por eso nadie se acerca?
La sensación de sosiego se va acercando poco a poco, llega antes que la ambulancia. Ya solo se me ocurre pedir ayuda para mis tías, yo estoy bien… busco con calma un pantalón largo, documentos, algo de dinero, ya está todo bien, mi cerebro de algún modo se pone a salvo de la tragedia, algunos dirán que no estoy cuerda…
Ya me están inmovilizando, pero ya no hay desesperación, ni lucha, ya soy también un espectador más, hasta puedo bromear con los médicos que se afanan de ayudarme… lo mío ya no es una tragedia, se ha convertido en un sobrevivir…

No comments:
Post a Comment